La silenciosa muerte de Walter Maco Valdivieso y la responsabilidad de Jorge Bravo Samamé en Molisam

Joven operario fallecido en molino Molisam

Walter Maco Valdivieso tenía 25 años y una hija de tres. Cada mañana se dirigía al molino Molisam, ubicado en la carretera Lambayeque–Chiclayo, para asegurar el sustento de su familia. Sin embargo, el mismo trabajo que lo ayudaba a salir adelante terminó arrebatándole la vida.

El último fin de semana, Walter fue encontrado sin vida, sepultado bajo una caída masiva de sacos de arroz blanco dentro del molino. Según los primeros reportes, el joven operario manipulaba el montacarga, herramienta que manejaba a diario para apilar quintales, cuando —por motivos aún sin esclarecer— las torres de sacos colapsaron sobre él.

El silencio del molino

Bajo la gerencia de Jorge Luis Bravo Samamé, Molisam permanece en silencio. No se ha emitido ningún comunicado público, ningún mensaje de condolencia ni explicación oficial.

Para la empresa, la muerte de un trabajador parece haber pasado como un dato irrelevante en la hoja de producción del día. Mientras la familia de Walter enfrenta la tragedia, la compañía opta por callar.

Fuentes internas afirman que el accidente fue tratado “con discreción”. Se habría solicitado al personal no comentar el hecho, permitiendo que las operaciones continuaran con normalidad, como si nada hubiese ocurrido.

Un reflejo del trabajo precario

El caso de Walter Maco Valdivieso representa una realidad extendida en el país: miles de trabajadores que cargan, empacan, conducen y operan maquinaria sin contar con seguros, supervisión ni protocolos suficientes.

La agroindustria norteña, que presume eficiencia y productividad, suele ignorar la precariedad de quienes sostienen esas cifras con su cuerpo.

Responsabilidad pendiente

La gestión de Jorge Luis Bravo Samamé enfrenta cuestionamientos sobre la seguridad laboral en Molisam.

¿Existían protocolos de emergencia? ¿Había supervisión efectiva? ¿Los trabajadores estaban asegurados?

Por ahora, estas preguntas siguen sin respuesta.

En Lambayeque, una familia llora la pérdida de un hijo y padre dedicado, mientras una pequeña de tres años crecerá sabiendo que su padre murió trabajando en un molino que nunca pronunció su nombre.